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La
muestra que se presenta es una pequeña parte de la colección
de las más de 1.000 piezas de cerámica popular que los
profesores, D. Alonso Zamora Vicente y su esposa, Doña María
Josefa Canellada, fueron reuniendo en sus frecuentes viajes por
España, y que la familia Zamora Canellada ha tenido la
gentileza y la generosidad de donar a esta Fundación para que
forme parte del patrimonio de la misma.
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“La
cerámica popular también me gusta; yo no colecciono nada, pero
cerámica popular tengo bastante”, dice Zamora Vicente.
De
su paso por Asturias recuerda: “De ese viaje salieron para mi
casa unas cuantas piezas que guardamos con enorme cariño”.
Natacha
Seseña distingue entre una cerámica popular rural
y una cerámica popular urbana. La primera se caracteriza
por la producción de vasijas utilitarias destinadas a cumplir
las necesidades de una vida campesina, como los cántaros,
botijos, platos, cuencos, tinajas, jarras, pucheros, etc.
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La
cerámica popular rural, tendrá vidriado si es de “fuego” o
“de invierno”, y ausencia total de vidriado si es de
“agua”.
La
cerámica popular urbana se distingue de la anterior en que los
productos fabricados pueden destinarse para fines utilitarios,
pero también para fines ornamentales. En el medio rural se
reservaba para las grandes ocasiones: fiestas, bodas, bautizos.
Con frecuencia ofrece decoración polícroma que exige la
pericia y dominio técnico por parte del artesano.
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Atendiendo
a estos criterios en la Muestra van a tener la ocasión de
contemplar estos dos tipos
en el recorrido por Andalucía, Aragón, Asturias, Castilla,
Cataluña, Extremadura, Galicia, Levante, y las Islas: las
Baleares y las Canarias.
Esta
exposición llega un poco tarde, porque ya no hemos podido
contar con la inestimable ayuda de don Alonso, su trato
afectuoso, siempre
asequible y siempre cercano.
“En
esta exhibición, manifiesta Zamora Vicente, todas las piezas se
muestran calladitas enseñando tímidamente las curvas de sus
panzas, el tino de un asa colocada en el punto preciso e
insustituible de un giro del torno. Esperan dócilmente que las
comprendamos, que les hagamos sitio en el calor de nuestro hogar
(…) Una cerámica popular es una fe de vida, una tarjeta de
visita que la colectividad ancestral nos presenta con el mayor
orgullo. Es necesaria una eficaz concienciación ante este
proceso. Por todas partes hemos estado asistiendo, a raíz de la
industrialización, a la desaparición de las formas más
limpias, más puras y sencillas de la existencia (…) Por eso,
creo admirable la tarea de resucitar la vieja artesanía adaptándola
a las nuevas circunstancias”.
Sirva
esta muestra como homenaje, recuerdo y admiración a don Alonso
y doña María Josefa.
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