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Madrileño
(1916), de Puerta de Moros, nacido en una época en que los niños aprendían
a vivir, además de en casa y en el colegio, en la calle, como rememora en
Primeras hojas y Examen de ingreso.
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En más de una ocasión ha afirmado
que su posible riqueza léxica proviene de haber aprendido el español en
la calle. La calle fue su maestra como lo fue de Lope, de Cervantes... y a
la calle, a los pueblos de España y de Hispanoamérica les va a dedicar
gran parte de su quehacer dialectológico:
El habla de Mérida, léxico rural asturiano, Tres expresiones
argentinas, Dialectología española, Algunos aspectos generales del español
americano, Estudios de dialectología hispánica, Al trasluz de la lengua
actual, La otra esquina de la lengua... son títulos señeros en la
bibliografía científica que pueden dar fe de ello.
Alonso
Zamora Vicente es un enamorado de España y de Hispanoamérica, de todo lo
que rezume tradición, cultura popular y arte. |
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Doctor
Honoris Causa por la Universidad de Extremadura.
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Conoce a la perfección la
pintura española, distingue perfectamente la tensión vital y sus
circunstancias a través de lo plasmado en el lienzo; ha recorrido, una y
mil veces, la geografía española no sólo en busca de la palabra exacta
sino de atrios, ábsides, capillas, retablos,...
No
hay nadie en España que sepa encontrar la llave como él, una llave que
pueda abrir una iglesia abandonada, unas ruinas, un castillo, un cuadro.
"¡Qué desgracia hemos tenido con nuestro Patrimonio Cultural, con
lo que costó preservarlo! ¡Las iglesias, los conventos, los monasterios
no pueden permanecer cerrados, el arte debe estar permanentemente
expuesto!".
Tras
su paso por el Colegio español-francés de la calle de Toledo, cursó el
bachillerato en el Instituto de San Isidro, donde coincidió con Camilo
José Cela:
"Alonso
y yo somos de análoga estatura y de parecidas aficiones, él más culto
que yo en algunas cosas -la filología, la lexicografía, la dialectología-,
pero yo, para compensar, soy mas culto que él en otras varias -las coplas
de pueblo, el billar, el tango y así la cosa queda bastante equilibrada y
podemos seguir siendo buenos amigos..."
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No
es cuestión de llevar la contraria a Camilo José Cela, pero en lo
referente a las coplas del pueblo, a nuestras canciones, cancioncillas, de
pastores, de siega, de cuna... el lance sería harto delicado, como bien
puede atestiguar cualquiera que haya viajado con Alonso Zamora Vicente por
los rincones de nuestra geografía.
Camilo José Cela (acercamiento a un
escritor),
libro que en su momento influyó en los posicionamientos de la crítica de
la novela española contemporánea, supuso el inicio de la crítica académica
sobre la obra de Camilo José Cela. En opinión de este autor, D. Alonso
es el mejor conocedor de su prosa. A Camilo José Cela le dedicará
trabajos posteriores.
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Alonso
Zamora Vicente y Américo Castro. |
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Al
recordar su etapa universitaria, con agradecimiento tanto hacia la
Institución como hacia quienes fueron sus maestros: ("... Tuve la
suerte de asistir a la mejor Facultad de Letras que haya existido nunca en
España") no puede sino referirse a la irrupción de la guerra.
"Quiera
que no, yo me tropiezo, estoy siempre condicionado para todas mis
relaciones, mis opiniones, mis actividades con un fantasma, una voz que me
avisa, una cautela, algo que está siempre detrás de mí, que se llama la
experiencia de la Guerra Civil".
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Académico de
Honor de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. |
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La
Guerra truncó, de momento, su trayectoria universitaria, su juventud, amén
de verse, como todo español de su tiempo, envuelto en ella. Esta traumática
experiencia estará siempre presente, con menor o mayor acento, en toda su
obra narrativa.
La
generación de Alonso Zamora Vicente ha soportado sobre sus espaldas la
reconstrucción científica, cultural y moral de España. Tras el hiato
forzoso que supuso la Guerra Civil en la vida de la colectividad, hombres
que hoy serían octogenarios como Antonio Tovar, Blas de Otero, A.
Buero Vallejo, y otros que lo son como Julián Marías, Camilo José Cela
y el propio Alonso Zamora Vicente, tomaron en sus diferentes esferas
culturales la labor de descubrir nuevamente la realidad y engarzar con
ella para que estuviera presente en su diario quehacer y su voz fuera
tenida en cuenta en el curso de la historia. |
En
la Facultad (en la que permaneció del 32 al 36, y después, al acabar la
guerra, en el año 40, se licencia) nos cuenta que "coincidía con
María Josefa en las clases de Tomás Navarro, yo trabajaba -dice- en el
Centro de Estudios Históricos, con Ramón Menéndez Pidal, Tomás Navarro
y Américo Castro; y ella en Índice
Literario, con Salinas".
| Años
después, diría de María Josefa Canellada, con quien compartió
absolutamente todo, incluso numerosos trabajos intelectuales (ediciones de
Tirso, Torquemada, Lucas Fernández, estudios sobre las vocales andaluzas,
y vocales caducas en el español mexicano): "lo único serio que hice
en mi vida fue casarme con una mujer excepcional en todos los
sentidos..."
Alonso
Zamora Vicente fue siempre un extraordinario lector, lo sigue siendo. Ya
en la Facultad había descubierto a Proust, John Dos Passos, Joyce:
"yo estoy seguro de que Camilo (José Cela) recuerda con qué
curiosidad, con qué temblor cayó en nuestras manos por aquellos días El
Artista adolescente, traducido por Dámaso Alonso". |
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Con
Menéndez Pidal en Salamanca. 1954
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Por esas
fechas nuestros clásicos ya le eran familiares, conocía perfectamente
bien a la Generación del 98 (a muchos de ellos, Azorín, Machado, Unamuno,
Valle.... les va a dedicar trabajos magistrales años después) y llegó a
ser compañero y amigo de muchos de los profesores-creadores de la
Generación del 27 (Dámaso, Salinas, Guillén, Aleixandre..., así como
de sus maestros Tomás Navarro y Américo Castro ... )
Y
entre lectura y lectura, trabajos de investigación, de crítica
literaria, libros de creación, viajes, clases.... el cine. En sus años
de Salamanca, prestó su pluma al tema cinematográfico con el fin de
abrir el cauce universitario a la nueva realidad estética. Años después,
impulsaría, sin fruto, la candidatura de Berlanga a la Academia de la
Lengua.
| A
lo largo de su andadura vital, el catedrático emérito de la Universidad
Complutense y Académico de la Española ha perseguido sin desmayo
desvelarnos nuestra propia identidad cultural -la genuina y verdadera- por
caminos que en él confluyen, el científico y el narrativo, al tener muy
presente, como punto de partida, el mismo hecho socio-cultural: la lengua.
(Alonso Zamora Vicente habla con nuestras gentes y, sobre todo, escucha).
Entre los jóvenes y el pueblo llano se encuentra a gusto.
Toda
su obra de creación se levanta sobre la portentosa recreación literaria
de la lengua. Sus personajes responden a voces masculinas o femeninas, a
ancianos, jóvenes o niños, y se sitúan en la inmediata postguerra, en
nuestros días, o en los años setenta, ochenta o sesenta, gracias a la
perfecta simbiosis que se da entre la situación creada, el tiempo
narrativo y la prodigiosa utilización de la lengua en boca de éstos. Los
personajes responden a la diversidad cultural y social que ha constituido
la urdimbre de nuestro entramado social posterior a la Guerra Civil. El
autor ha ido creciendo a su vera, es uno de ellos. |
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Con
Dámaso Alonso |
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Se
doctoró en Filología Románica (1941) con El
habla de Mérida (estudio que sirvió de base para todos los trabajos
dialectológicos que se llevaron a cabo en España durante los años
cuarenta, cincuenta y sesenta) en momentos que, según reconoce el propio
autor, eran duros: "Sí, eran momentos duros, momentos de mucha
confusión; si no es por Dámaso (Alonso), yo renuncio después de la
guerra; a él le debo el haber seguido".
La
relación de Alonso Zamora Vicente con Dámaso Alonso fue profunda y fructífera
en todas las esferas de la vida. Colaboraron en trabajos de investigación
(Vocales Andaluzas), le sucedió en la Cátedra de Filología Románica de
la Universidad de Madrid y como Secretario Perpetuo de la Real Academia
Española, cuando Dámaso fue su Director, desarrollaron una intensa y
positiva labor al frente de la Institución sin apenas medios económicos.
Según
Alonso Zamora Vicente "( ... ) Los años de la Dirección de Dámaso
han supuesto para la Corporación un serio intento de renovación de sus
estructuras, bastante rancias, hasta plasmar en unos nuevos estatutos, ya
en 1976".
Dámaso,
en el homenaje que la Revista Papeles
de Son Armadans, fundada y dirigida por Camilo José Cela, dedicó a
Alonso Zamora Vicente ya en los primeros setenta dijo de él:
"Por
encima de su colaboración en revistas de la Europa occidental y central,
o de Estados Unidos; o de su docencia en universidades alemanas,
ítalianas,
francesas, norteamericanas, escandinavas, o de su nombramiento como académico
o de miembro de honor de asociaciones culturales norteamericanas,
portuguesas, dinamarquesas... Dos cargos de especial importancia (en las máximas
agrupaciones humanas de nuestra habla) señalan el que al otro lado del
Atlántico se concede a los conocimientos científicos de Zamora y su fama
como profesor: durante un año dirige la sección de Filología del
"Colegio de México", durante cuatro había sido ya, antes,
director del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires,
siguiendo en ello la estela de Castro y de Amado Alonso".
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Entrega
del Premio Nacional de Novela, 1980 |
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Alonso
Zamora Vicente, no cabe duda, es una viva llama de vocación que le ha
incitado a acercarse con agudeza e ingenio, en repetidas ocasiones y desde
diferentes ángulos, a nuestras más preclaras fuentes culturales. (En la
Bibliografía del Homenaje a Alonso
Zamora Vicente, que en cinco tomos publicó la editorial Castalia se
recogen más de 565 títulos, y ésta se cierra en el año 1986). Entre
estas no podía faltar la cultura portuguesa, que ha estado vivamente
presente en su diario quehacer. En la actualidad, está empeñado en el
estudio de la obra de Gil Vicente. La universidad de mayor prestigio del
país hermano, la Universidad de Coimbra, le nombró doctor Honoris Causa
hace ya años; en el 47 le había nombrado miembro del Instituto de
Coimbra |
Antes
de doctorarse por la Universidad de Madrid, aprobó (1940) las oposiciones
a Cátedra de Instituto Nacional de Bachillerato, y a Mérida.
Su
estancia en Mérida le motivó a conocer Extremadura (ha sido una
constante por donde ha pasado). Además del habla viva ha analizado la
literatura regional de G. Galán y Chamizo. Se ha ocupado de Juan Pablo
Forner y de Francisco Aldana y de la pintura silenciosa de Ortega Muñoz...
Su
biblioteca particular, bajo el rótulo de "Fundación Biblioteca Zamora
Vicente", se halla en Cáceres en un espléndido edificio del casco
histórico de la ciudad al servicio de la Institución Universitaria
Extremeña, Universidad que le confirió el grado de doctor Honoris Causa.
En
el curso 1942-43 se traslada a la Cátedra de lengua y literatura españolas
del instituto masculino de Santiago de Compostela, si bien no acaba el
curso al ser llamado a Madrid para impartir la nueva asignatura de
Dialectología española:
"Yo
acabé de dialectólogo -dice Zamora Vicente porque en la Facultad de
Letras de Madrid había un catedrático que no podía levantarse antes de
las doce. Entonces me buscaron a mí, yo fui siempre madrugador...".
Recordando
aquel su estreno como profesor de dialectología decía Emilio Alarcos
Llorach: "Y hete aquí que un día en la recién reinaugurada
Facultad de Letras -rodeada todavía de eriales, cascotes y zanjas bélicas
mal rellenadas-, el don Alonso con bienintencionada y cachonda retracción
de las comisuras labiales, con la insinuante y dulce tensión de sus
cuerdas vocales y sus peripatéticos desplazamientos entre estrado y
pupitres, se nos puso a explicar dialectología. Seguro que entonces no
pensaba escribir el libro ese gordo que tienen que estudiar los
estudiantes de ahora y que dice todo lo que hay que decir".
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Alonso Zamora Vicente
en París
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En
1943 obtiene por oposición la Cátedra Universitaria de Lengua y
Literatura españolas, que ejerció en la Facultad de Filosofía y Letras
de Santiago de Compostela hasta 1946, fecha en que se traslada a Salamanca
para ocupar, también como numerario, la Cátedra de Filología Románica,
que desempeñaría hasta 1959. En ambas universidades se le otorgó, años
después, el grado de Doctor Honoris Causa en reconocimiento a su labor
desarrollada en las aulas universitarias; y fiel a su estilo, Galicia (el
habla y su cultura), lo mismo la zona de Salamanca, fueron fuente de
inspiración y de trabajo de estudios que marcaron hitos en la investigación
del momento.
Tras
nueve años fuera del ámbito universitario, tomaría posesión de la Cátedra
de Filología Románica en la Facultad de Filosofía y Letras de la
entonces Universidad Central de Madrid, hoy Complutense, hasta su jubilación
en 1985. La Universidad le reconoce su labor nombrándole profesor emérito.
| Los
años universitarios han sido recordados por discípulos y amigos como años
en los que el maestro, además de las disciplinas universitarias, les enseñó
a perseguir la identificación con nuestras gentes más humildes así como
a descubrir el amor por nuestras tierras, por nuestra cultura; como el
maestro que nos enseñó a escuchar, al tiempo que, lejos de pontificar,
mostraba la mejor manera de aprender a discurrir por cuenta propia, valiéndose
del ejemplo de sus propias investigaciones; como el maestro que les enseñó
a valorar más la "decencia" que la ciencia. Y, por supuesto,
desde la profunda sabiduría del maestro, vimos Toledo desde otra luz,
Santo Domingo de Silos, Covarrubias. Otros soles. Otros hombres... |
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Con
Vicente Aleixandre en la Real Academia Española
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Carmen
Martín Gaite le recuerda, en la formal Salamanca de posguerra, con su
jersey de cuello alto, y silbando canciones populares, como el profesor y
amigo que tuvo una enorme influencia en su formación y decidida vocación
por los asuntos de las letras.
En
los años bonaerenses de 1948 a 1952, como director del Instituto de
Filología de la Universidad de Buenos Aires, promueve una envidiable
proyección cultural y científica; funda y dirige la prestigiosa revista Filología, impulsa el estudio de ediciones de nuestros clásicos y,
no menos importante, comienza a publicar su prosa creativa en La
Nación: "( ... ) siendo profesor extraordinario de la
Universidad de Buenos Aires -nos dirá-, recibí una amable invitación de
Eduardo Mallea para colaborar en el suplemento de La Nación.
Posteriormente sus relatos aparecerían también en Azul de Montevideo, y en Buenos
Aires literaria, en donde coincidió, entre otros, con Julio Cortázar,
Daniel Devoto, Josefa Sabor y Enrique Anderson Imbert. De esta época son
los trabajos: Por el sótano y el
torno, de Tirso de Molina, de Garcilaso a Valle-Inclán, Presencia de los
clásicos, las sonatas de Ramón del Valle-Inclán, Contribución al
estudio de la prosa modernista...
En
1952 vuelve a España, Salamanca, desde donde sigue colaborando en La
Nación, en Azul, en Ínsula (años
después, ya en Madrid, iniciaría una larga colaboración literaria en el
diario Ya) y, de nuevo, los
viajes; en 1954 es profesor extraordinario en la Facultad de Letras de la
Universidad de Colonia, después Heidelberg, Praga, París, Italia, Bélgica,
Holanda. En 1960 es nombrado Director del Seminario de Filología Hispánica
del Colegio de México y profesor extraordinario en la Universidad
Nacional de México, al año siguiente es profesor (1961) en el
Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico; más
América (Estados Unidos) y, de vuelta a Europa, en 1963, visita las
universidades de Copenhague, Estocolmo... y, por último, Madrid.
En
estos años entrega a la imprenta, entre otros, los siguientes volúmenes:
Primeras hojas, Smith y Ramírez,
S.A., la voz de la letra, Lope de Vega. Su vida y obra, ¿Qué es la
novela picaresca?, Un balcón a la plaza, Lengua, literatura e
intimidad...
Alonso
Zamora Vicente, pese a todo, está convencido de que el puesto de un español
está en España, y aquí recala: la Real Academia Española lo llama y
sale elegido académico en mayo de 1966 (desde 1961 era miembro del
Seminario de Lexicografía); lee el discurso de recepción sobre
"Asedio a Luces de Bohemia, primer esperpento de Ramón del Valle
Inclán", justamente un año después, en 1967. Ha sido Secretario
Perpetuo de la Institución desde 1971, en que sucede a Rafael Lapesa,
hasta 1989, año en que renuncia.
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Padrino en el
Doctorado Honoris Causa de Rafael Alberti.
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El
discurso de recepción sobre la obra de Valle supuso en el año 1967 un
mucho de atrevimiento y bastante de provocación cultural ya que, por
aquellos años, Valle-Inclán no estaba bien visto por la propaganda
oficial del régimen. El nuevo académico quiso poner de manifiesto, en el
día de su recepción pública, la virtualidad estética y cultural de uno
de los autores más universales del siglo XX español, pese a la
incomprensión de algún gobernante. En la prosa de Valle-Inclán supo ver
el engarce perfecto entre el habla del pueblo y la literatura, como ya lo
había visto en Camilo José Cela.
El
discurso reelaborado, La realidad
esperpéntica (Aproximación a luces de Bohemia), fue Premio Nacional
de Literatura "Miguel de Unamuno de Ensayo" en 1969. A Valle le
dedicó también Valle-Inclán,
novelista por entregas y las ediciones críticas de
Luces de Bohemia y Tirano Banderas, entre otros trabajos.
Fue
coordinador del Diccionario Manual e Ilustrado de la Real Academia; en su
tiempo adelantó soluciones léxicas que, posteriormente, pasaron al
general y ha escrito la Historia de
la Real Academia Española. La imprenta nos dio un nuevo Lope
de Vega, libros, hombres y paisajes...
Alonso
Zamora, pese a su ajetreada vida universitaria científica, ha sacado, sin
embargo, tiempo ("yo escribo los domingos") para una de sus
actividades más queridas: la creación literaria en prosa, en la que
cuenta ya con un buen número de volúmenes publicados (el último, Cuentos con gusano dentro, acaba de salir de la imprenta). En ellos
se presenta no sólo como renovador formal del género cuento, sino como
uno de los mejores narradores actuales en lengua española. Es uno de los
narradores que mas ha influido en la configuración de un nuevo concepto
del cuento.
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En Salamanca junto a Johannes
Hubschmid, Menéndez Pidal y Joseph M. Piel
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La
materia lingüística adquiere en su escritura una nueva dimensión: a
partir de los elementos populares de ésta, ha conformado una exigente
realidad estética que nos trasciende.
En
toda su obra narrativa se manifiesta la importancia que los elementos
cotidianos (una flor, una rama, un banco, el semáforo, un pajarillo, una
canción) adquieren en la vida de sus personajes. También hemos de
destacar la extraordinaria sensibilidad con que el narrador va moldeando,
a base de pequeños fragmentos o de tenues anécdotas, la vida de sus
múltiples personajes: ancianos, jóvenes y niños (toda la expresión de
vida que cabe en nuestra sociedad). Los personajes se caracterizan, no por
el diseño del narrador, sino por las cosas que les pasan; se incorporan a
la vida, como en Cervantes, desde las vivencias propias. Por encima de
planteamientos estructurales, su forma de hablar, su espontaneidad
lingüística.
Las
canciones (Amapola, Lili Marlen, Toda una vida, Solamente una vez, Si me
quieres escribir), desde los años veinte hasta nuestros días, el tiempo
y el espacio (Madrid es la plaza pública desde la que contemplamos el
paso del tiempo) el ir y venir de las modas y costumbres, las ilusiones y
las formas (la expresión de los españoles a lo largo de tres
generaciones), además de las vivencias sociales y culturales de la
época, la presencia del cine, la técnica visual de sus descripciones y
situaciones, la focalización de acciones, constituyen rasgos
estructurales de primer orden en la composición narrativa del autor.
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Los
temas eternos (convivencia, trabajo, amor, soledad, religión ... ) nos
son planteados con intención superadora y enriquecedora. Creemos que su
formación institucionista y su proyección cultural (Cervantes al fondo,
la aparición cervantina no es meditada sino espontánea) le llevan en la
prosa a insinuarse con reticencias, ironías, amplificaciones, hipérboles....
su ininterrumpida preocupación por la sociedad española es lacerante,
sentida desde y por el pueblo. Los horrores de la guerra, lo absurdo de
una sociedad dividida, la prepotencia de los vencedores, el
arrinconamiento de los vencidos, la nostalgia de lo que pudo ser un
ilusionante proyecto de vida en común y colectivo están presentes, pero
también por sus páginas ha pasado el peso de la posguerra, el acomodo a
unos nuevos valores lejos de los soñados, la pérdida de unas señas de
identidad cultural y la consecución de otras. |
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En la casa de
Victorio Macho en Toledo, 1980
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Mención
especial merece la presencia solidaria con el autor y con los lectores del
poeta César Vallejo. Es el poeta que no canta a un bando concreto de los
contendientes en la Guerra Civil, es el poeta que quiere construir un
mundo mejor y por eso se dirige al hombre desvalido y acosado. Es el poeta
de todos, sólo toma partido por el hombre para demostrar que nació muy
pequeñito e indefenso y por eso necesita ayuda (Primeras
hojas, Un balcón a la plaza, A traque barraque, Sin levantar cabeza,
presentan versos del poeta en forma de lema).
Punto
importante, también, es el humor. En Alonso Zamora Vicente, el humor es
un procedimiento que emana de ver en la realidad de nuestro mundo, de
nuestras ciudades y pueblos -desde una posición culta-, los hechos que le
rodean, las vivencias que tienen su acomodo en este mundo. Y es,
precisamente, esta actitud de contemplación todo lo ingenua que se quiera
(Primeras hojas, Examen de Ingreso), grotesca como emanada del
absurdo (Smith y Ramírez, S.A.)
y real como resultado de una visión dramática de la existencia
individual y colectiva (desde Un
balcón a la plaza, Desorganización, Sin levantar cabeza, El mundo puede
ser nuestro, A traque barraque, Estampas de la calle, Voces sin rostro
hasta Hablan de la feria, Historias de viva voz pasando
por Mesa, sobremesa (Premio Nacional de Literatura 1980) y
Vegas bajas, la que nos envuelve en este trance de amargura (benévola,
a veces), que desencadena primero el humor y, posteriormente, la ironía
en una intensa búsqueda de lo auténtico:
"Todavía,
al despedirnos, decía muy cariñosa: vuelvan mañana... Se conoce que ha
leído ese libro recién salido, que ancla ahora por los quioscos, de un
tal Larra. ¿Sabe usted quién es ese fulano?".
Los
personajes se nos presentan en posición trágica, pero su catarsis va a
tener lugar en la vacuidad, en la superficialidad de la rutina diaria, por
eso su escritura está más próxima a la estructura dramática que a la
puramente descriptiva y esto, además de constituir una sorprendente
novedad estilística, proporciona a la narración una viveza y rapidez
extraordinarias:
Chucho,
el joven personaje de Vegas Bajas y trasunto del autor, afirma:
“En
primer lugar (mi libro) no tendrá un personaje concreto. Ya ha pasado
eso. Los hombres no estarnos aislados, no obramos con arreglo a una
falsilla interior, sino
que somos un conjunto, y de ese conjunto hay que hablar. Me gustaría que
mis personajes no tuvieran rostro, que no pudiésemos decir "el rubio
alto, la bella fulanita". No, todo ha de desprenderse de la lengua
que empleen. Dime cómo hablas y te diré quién eres...".
| La
preocupación por el hombre en plenitud, por el hombre en sociedad, ha
estado siempre presente en nuestro autor, y de ahí que su narrativa
tienda (y haya tendido) a desvelar sus más profundos secretos con cierta
ingenuidad y conmiseración.
El
hombre se nos muestra en todas sus caras, facetas y etapas de la vida y
siempre en un espacio y tiempo históricos; no desdeña la realidad sino
que sale a su encuentro: a sus páginas se asoman el cura, el farmacéutico,
el comerciante de barrio, la solterona, la viuda, el mundo de los viejos y
asilados; el taxista, el obrero, el artista de circo, el emigrante, el
poderoso, el encumbrado en cargos oficiales, los jóvenes desnortados y
urbanos del mundo del rock, de la droga, del papá aposentado... Y hasta,
inclusive, Alonso Zamora salta al ruedo, convocado por sus propios
personajes:
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Doctor Honoris
Causa por la Universidad de Santiago, 1995.
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"¡Celebro
encontrarte, caramba ... !¡Lo estaba deseando! Desde que leo tus
cuentecillos en los suplementos de los periódicos, tengo un remusguillo
que no sé. ¿Te das cuenta de lo que escribes ... ?".
Este
proceso unamuniano de aparecer el autor dialogando con sus personajes o
siendo el receptor de su mensaje, por iniciativa de ellos, se ha ido
acentuando en la narrativa de Alonso Zamora Vicente: "Estás
aviado -le dice una de sus criaturas de ficción- tus personajes ya no son tuyos, se han liberado de ti a fuerza de
hablar, son ellos los que te arrastran, los que juegan contigo".
Asimismo,
al ir eliminando el asunto, el tema, la trama, surge una nueva y
maravillosa expresividad por medio del lenguaje... porque (como no hemos
olvidado) el lenguaje empieza por ser oral antes de llegar a ser
instrumento indispensable para la cultura escrita. Y éste es su punto de
partida: el lenguaje del pueblo (no lo populachero) que, debidamente
tamizado, lo devuelve al pueblo, que lo asume como si fuera creación
propia. Tal es la naturalidad y extraordinaria frescura y espontaneidad
del habla de los personajes. Por sus páginas discurren las diversas capas
sociales y culturales que configuran la realidad lingüística de la España
de nuestros días. El habla acompaña al personaje en su lugar y su
tiempo. Es un habla total.
El
concepto estilístico de Alonso Zamora Vicente funde espléndidamente la
innovación -bien perceptible en la forma y fondo de sus relatos- con la
mejor tradición de nuestros clásicos (la picaresca, Lope, Quevedo,
Cervantes ... ), síntesis que proyecta en su obra literaria una amplia
panorámica de la vida actual de España en la multiplicidad de sus
aspectos: el día de hoy y la retrospección histórica, el acaecer
cotidiano y el acontecer político, los destinos humanos y el destino del
país.
El
amor a su familia, a sus libros y a sus alumnos componía su
hacienda.
(Laudatio
a cargo de D. JESÚS SÁNCHEZ LOBATO Titular de Filología Española y
ex-Decano de la Facultad de Filología de la UCM. En: Homenaje
a Alonso Zamora Vicente : Universidad Antonio de Nebrija, Campus de La
Berzosa, 28 de enero de 1999. Madrid: Universidad de Nebrija, 1999)
---Don Alonso Zamora Vicente, fallece en Madrid, el 14 de marzo de 2006 a
los 90 años.
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