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Biografía Alonso Zamora Vicente

 

    
 

     Madrileño (1916), de Puerta de Moros, nacido en una época en que los niños aprendían a vivir, además de en casa y en el colegio, en la calle, como rememora en Primeras hojas y Examen de ingreso. 
 
 

    En más de una ocasión ha afirmado que su posible riqueza léxica proviene de haber aprendido el español en la calle. La calle fue su maestra como lo fue de Lope, de Cervantes... y a la calle, a los pueblos de España y de Hispanoamérica les va a dedicar gran parte de su quehacer dialectológico: El habla de Mérida, léxico rural asturiano, Tres expresiones argentinas, Dialectología española, Algunos aspectos generales del español americano, Estudios de dialectología hispánica, Al trasluz de la lengua actual, La otra esquina de la lengua... son títulos señeros en la bibliografía científica que pueden dar fe de ello.

   Alonso Zamora Vicente es un enamorado de España y de Hispanoamérica, de todo lo que rezume tradición, cultura popular y arte. 

Doctor Honoris Causa por la Universidad de Extremadura.

 

Conoce a la perfección la pintura española, distingue perfectamente la tensión vital y sus circunstancias a través de lo plasmado en el lienzo; ha recorrido, una y mil veces, la geografía española no sólo en busca de la palabra exacta sino de atrios, ábsides, capillas, retablos,...   

No hay nadie en España que sepa encontrar la llave como él, una llave que pueda abrir una iglesia abandonada, unas ruinas, un castillo, un cuadro. "¡Qué desgracia hemos tenido con nuestro Patrimonio Cultural, con lo que costó preservarlo! ¡Las iglesias, los conventos, los monasterios no pueden permanecer cerrados, el arte debe estar permanentemente expuesto!". 

Tras su paso por el Colegio español-francés de la calle de Toledo, cursó el bachillerato en el Instituto de San Isidro, donde coincidió con Camilo José Cela: 

"Alonso y yo somos de análoga estatura y de parecidas aficiones, él más culto que yo en algunas cosas -la filología, la lexicografía, la dialectología-, pero yo, para compensar, soy mas culto que él en otras varias -las coplas de pueblo, el billar, el tango y así la cosa queda bastante equilibrada y podemos seguir siendo buenos amigos..."

 

    No es cuestión de llevar la contraria a Camilo José Cela, pero en lo referente a las coplas del pueblo, a nuestras canciones, cancioncillas, de pastores, de siega, de cuna... el lance sería harto delicado, como bien puede atestiguar cualquiera que haya viajado con Alonso Zamora Vicente por los rincones de nuestra geografía.

 

   Camilo José Cela (acercamiento a un escritor), libro que en su momento influyó en los posicionamientos de la crítica de la novela española contemporánea, supuso el inicio de la crítica académica sobre la obra de Camilo José Cela. En opinión de este autor, D. Alonso es el mejor conocedor de su prosa. A Camilo José Cela le dedicará trabajos posteriores.  

 

Alonso Zamora Vicente y Américo Castro.

Al recordar su etapa universitaria, con agradecimiento tanto hacia la Institución como hacia quienes fueron sus maestros: ("... Tuve la suerte de asistir a la mejor Facultad de Letras que haya existido nunca en España") no puede sino referirse a la irrupción de la guerra.   

"Quiera que no, yo me tropiezo, estoy siempre condicionado para todas mis relaciones, mis opiniones, mis actividades con un fantasma, una voz que me avisa, una cautela, algo que está siempre detrás de mí, que se llama la experiencia de la Guerra Civil".

 

 

Académico de Honor de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes.

 

La Guerra truncó, de momento, su trayectoria universitaria, su juventud, amén de verse, como todo español de su tiempo, envuelto en ella. Esta traumática experiencia estará siempre presente, con menor o mayor acento, en toda su obra narrativa. 

La generación de Alonso Zamora Vicente ha soportado sobre sus espaldas la reconstrucción científica, cultural y moral de España. Tras el hiato forzoso que supuso la Guerra Civil en la vida de la colectividad, hombres que hoy serían octogenarios como Antonio Tovar, Blas de Otero,  A. Buero Vallejo, y otros que lo son como Julián Marías, Camilo José Cela y el propio Alonso Zamora Vicente, tomaron en sus diferentes esferas culturales la labor de descubrir nuevamente la realidad y engarzar con ella para que estuviera presente en su diario quehacer y su voz fuera tenida en cuenta en el curso de la historia.

   En la Facultad (en la que permaneció del 32 al 36, y después, al acabar la guerra, en el año 40, se licencia) nos cuenta que "coincidía con María Josefa en las clases de Tomás Navarro, yo trabajaba -dice- en el Centro de Estudios Históricos, con Ramón Menéndez Pidal, Tomás Navarro y Américo Castro; y ella en Índice Literario, con Salinas".

Años después, diría de María Josefa Canellada, con quien compartió absolutamente todo, incluso numerosos trabajos intelectuales (ediciones de Tirso, Torquemada, Lucas Fernández, estudios sobre las vocales andaluzas, y vocales caducas en el español mexicano): "lo único serio que hice en mi vida fue casarme con una mujer excepcional en todos los sentidos..."

   Alonso Zamora Vicente fue siempre un extraordinario lector, lo sigue siendo. Ya en la Facultad había descubierto a Proust, John Dos Passos, Joyce: "yo estoy seguro de que Camilo (José Cela) recuerda con qué curiosidad, con qué temblor cayó en nuestras manos por aquellos días El Artista adolescente, traducido por Dámaso Alonso".

Con Menéndez Pidal en Salamanca. 1954

 Por esas fechas nuestros clásicos ya le eran familiares, conocía perfectamente bien a la Generación del 98 (a muchos de ellos, Azorín, Machado, Unamuno, Valle.... les va a dedicar trabajos magistrales años después) y llegó a ser compañero y amigo de muchos de los profesores-creadores de la Generación del 27 (Dámaso, Salinas, Guillén, Aleixandre..., así como de sus maestros Tomás Navarro y Américo Castro ... ) 

Y entre lectura y lectura, trabajos de investigación, de crítica literaria, libros de creación, viajes, clases.... el cine. En sus años de Salamanca, prestó su pluma al tema cinematográfico con el fin de abrir el cauce universitario a la nueva realidad estética. Años después, impulsaría, sin fruto, la candidatura de Berlanga a la Academia de la Lengua.

 
   A lo largo de su andadura vital, el catedrático emérito de la Universidad Complutense y Académico de la Española ha perseguido sin desmayo desvelarnos nuestra propia identidad cultural -la genuina y verdadera- por caminos que en él confluyen, el científico y el narrativo, al tener muy presente, como punto de partida, el mismo hecho socio-cultural: la lengua. (Alonso Zamora Vicente habla con nuestras gentes y, sobre todo, escucha). Entre los jóvenes y el pueblo llano se encuentra a gusto.

Toda su obra de creación se levanta sobre la portentosa recreación literaria de la lengua. Sus personajes responden a voces masculinas o femeninas, a ancianos, jóvenes o niños, y se sitúan en la inmediata postguerra, en nuestros días, o en los años setenta, ochenta o sesenta, gracias a la perfecta simbiosis que se da entre la situación creada, el tiempo narrativo y la prodigiosa utilización de la lengua en boca de éstos. Los personajes responden a la diversidad cultural y social que ha constituido la urdimbre de nuestro entramado social posterior a la Guerra Civil. El autor ha ido creciendo a su vera, es uno de ellos.

Con Dámaso Alonso 

Se doctoró en Filología Románica (1941) con El habla de Mérida (estudio que sirvió de base para todos los trabajos dialectológicos que se llevaron a cabo en España durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta) en momentos que, según reconoce el propio autor, eran duros: "Sí, eran momentos duros, momentos de mucha confusión; si no es por Dámaso (Alonso), yo renuncio después de la guerra; a él le debo el haber seguido". 

La relación de Alonso Zamora Vicente con Dámaso Alonso fue profunda y fructífera en todas las esferas de la vida. Colaboraron en trabajos de investigación (Vocales Andaluzas), le sucedió en la Cátedra de Filología Románica de la Universidad de Madrid y como Secretario Perpetuo de la Real Academia Española, cuando Dámaso fue su Director, desarrollaron una intensa y positiva labor al frente de la Institución sin apenas medios económicos.

Según Alonso Zamora Vicente "( ... ) Los años de la Dirección de Dámaso han supuesto para la Corporación un serio intento de renovación de sus estructuras, bastante rancias, hasta plasmar en unos nuevos estatutos, ya en 1976". 

Dámaso, en el homenaje que la Revista Papeles de Son Armadans, fundada y dirigida por Camilo José Cela, dedicó a Alonso Zamora Vicente ya en los primeros setenta dijo de él:

"Por encima de su colaboración en revistas de la Europa occidental y central, o de Estados Unidos; o de su docencia en universidades alemanas, ítalianas, francesas, norteamericanas, escandinavas, o de su nombramiento como académico o de miembro de honor de asociaciones culturales norteamericanas, portuguesas, dinamarquesas... Dos cargos de especial importancia (en las máximas agrupaciones humanas de nuestra habla) señalan el que al otro lado del Atlántico se concede a los conocimientos científicos de Zamora y su fama como profesor: durante un año dirige la sección de Filología del "Colegio de México", durante cuatro había sido ya, antes, director del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, siguiendo en ello la estela de Castro y de Amado Alonso".

 

Entrega del Premio Nacional de Novela, 1980

   Alonso Zamora Vicente, no cabe duda, es una viva llama de vocación que le ha incitado a acercarse con agudeza e ingenio, en repetidas ocasiones y desde diferentes ángulos, a nuestras más preclaras fuentes culturales. (En la Bibliografía del Homenaje a Alonso Zamora Vicente, que en cinco tomos publicó la editorial Castalia se recogen más de 565 títulos, y ésta se cierra en el año 1986). Entre estas no podía faltar la cultura portuguesa, que ha estado vivamente presente en su diario quehacer. En la actualidad, está empeñado en el estudio de la obra de Gil Vicente. La universidad de mayor prestigio del país hermano, la Universidad de Coimbra, le nombró doctor Honoris Causa hace ya años; en el 47 le había nombrado miembro del Instituto de Coimbra

Antes de doctorarse por la Universidad de Madrid, aprobó (1940) las oposiciones a Cátedra de Instituto Nacional de Bachillerato, y a Mérida. 

Su estancia en Mérida le motivó a conocer Extremadura (ha sido una constante por donde ha pasado). Además del habla viva ha analizado la literatura regional de G. Galán y Chamizo. Se ha ocupado de Juan Pablo Forner y de Francisco Aldana y de la pintura silenciosa de Ortega Muñoz...

Su biblioteca particular, bajo el rótulo de "Fundación Biblioteca Zamora Vicente", se halla en Cáceres en un espléndido edificio del casco histórico de la ciudad al servicio de la Institución Universitaria Extremeña, Universidad que le confirió el grado de doctor Honoris Causa. 

En el curso 1942-43 se traslada a la Cátedra de lengua y literatura españolas del instituto masculino de Santiago de Compostela, si bien no acaba el curso al ser llamado a Madrid para impartir la nueva asignatura de Dialectología española:  

"Yo acabé de dialectólogo -dice Zamora Vicente porque en la Facultad de Letras de Madrid había un catedrático que no podía levantarse antes de las doce. Entonces me buscaron a mí, yo fui siempre madrugador...". 

Recordando aquel su estreno como profesor de dialectología decía Emilio Alarcos Llorach: "Y hete aquí que un día en la recién reinaugurada Facultad de Letras -rodeada todavía de eriales, cascotes y zanjas bélicas mal rellenadas-, el don Alonso con bienintencionada y cachonda retracción de las comisuras labiales, con la insinuante y dulce tensión de sus cuerdas vocales y sus peripatéticos desplazamientos entre estrado y pupitres, se nos puso a explicar dialectología. Seguro que entonces no pensaba escribir el libro ese gordo que tienen que estudiar los estudiantes de ahora y que dice todo lo que hay que decir".    


Alonso Zamora Vicente en París

 En 1943 obtiene por oposición la Cátedra Universitaria de Lengua y Literatura españolas, que ejerció en la Facultad de Filosofía y Letras de Santiago de Compostela hasta 1946, fecha en que se traslada a Salamanca para ocupar, también como numerario, la Cátedra de Filología Románica, que desempeñaría hasta 1959. En ambas universidades se le otorgó, años después, el grado de Doctor Honoris Causa en reconocimiento a su labor desarrollada en las aulas universitarias; y fiel a su estilo, Galicia (el habla y su cultura), lo mismo la zona de Salamanca, fueron fuente de inspiración y de trabajo de estudios que marcaron hitos en la investigación del momento. 

Tras nueve años fuera del ámbito universitario, tomaría posesión de la Cátedra de Filología Románica en la Facultad de Filosofía y Letras de la entonces Universidad Central de Madrid, hoy Complutense, hasta su jubilación en 1985. La Universidad le reconoce su labor nombrándole profesor emérito.

 
Los años universitarios han sido recordados por discípulos y amigos como años en los que el maestro, además de las disciplinas universitarias, les enseñó a perseguir la identificación con nuestras gentes más humildes así como a descubrir el amor por nuestras tierras, por nuestra cultura; como el maestro que nos enseñó a escuchar, al tiempo que, lejos de pontificar, mostraba la mejor manera de aprender a discurrir por cuenta propia, valiéndose del ejemplo de sus propias investigaciones; como el maestro que les enseñó a valorar más la "decencia" que la ciencia. Y, por supuesto, desde la profunda sabiduría del maestro, vimos Toledo desde otra luz, Santo Domingo de Silos, Covarrubias. Otros soles. Otros hombres...

Con Vicente Aleixandre en la Real Academia Española

Carmen Martín Gaite le recuerda, en la formal Salamanca de posguerra, con su jersey de cuello alto, y silbando canciones populares, como el profesor y amigo que tuvo una enorme influencia en su formación y decidida vocación por los asuntos de las letras. 

En los años bonaerenses de 1948 a 1952, como director del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, promueve una envidiable proyección cultural y científica; funda y dirige la prestigiosa revista Filología, impulsa el estudio de ediciones de nuestros clásicos y, no menos importante, comienza a publicar su prosa creativa en La Nación: "( ... ) siendo profesor extraordinario de la Universidad de Buenos Aires -nos dirá-, recibí una amable invitación de Eduardo Mallea para colaborar en el suplemento de La Nación. Posteriormente sus relatos aparecerían también en Azul de Montevideo, y en Buenos Aires literaria, en donde coincidió, entre otros, con Julio Cortázar, Daniel Devoto, Josefa Sabor y Enrique Anderson Imbert. De esta época son los trabajos: Por el sótano y el torno, de Tirso de Molina, de Garcilaso a Valle-Inclán, Presencia de los clásicos, las sonatas de Ramón del Valle-Inclán, Contribución al estudio de la prosa modernista...    

En 1952 vuelve a España, Salamanca, desde donde sigue colaborando en La Nación, en Azul, en Ínsula (años después, ya en Madrid, iniciaría una larga colaboración literaria en el diario Ya) y, de nuevo, los viajes; en 1954 es profesor extraordinario en la Facultad de Letras de la Universidad de Colonia, después Heidelberg, Praga, París, Italia, Bélgica, Holanda. En 1960 es nombrado Director del Seminario de Filología Hispánica del Colegio de México y profesor extraordinario en la Universidad Nacional de México, al año siguiente es profesor (1961) en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico; más América (Estados Unidos) y, de vuelta a Europa, en 1963, visita las universidades de Copenhague, Estocolmo... y, por último, Madrid.  

En estos años entrega a la imprenta, entre otros, los siguientes volúmenes: Primeras hojas, Smith y Ramírez, S.A., la voz de la letra, Lope de Vega. Su vida y obra, ¿Qué es la novela picaresca?, Un balcón a la plaza, Lengua, literatura e intimidad...

Alonso Zamora Vicente, pese a todo, está convencido de que el puesto de un español está en España, y aquí recala: la Real Academia Española lo llama y sale elegido académico en mayo de 1966 (desde 1961 era miembro del Seminario de Lexicografía); lee el discurso de recepción sobre "Asedio a Luces de Bohemia, primer esperpento de Ramón del Valle Inclán", justamente un año después, en 1967. Ha sido Secretario Perpetuo de la Institución desde 1971, en que sucede a Rafael Lapesa, hasta 1989, año en que renuncia.

 

Padrino en el Doctorado Honoris Causa de Rafael Alberti.

El discurso de recepción sobre la obra de Valle supuso en el año 1967 un mucho de atrevimiento y bastante de provocación cultural ya que, por aquellos años, Valle-Inclán no estaba bien visto por la propaganda oficial del régimen. El nuevo académico quiso poner de manifiesto, en el día de su recepción pública, la virtualidad estética y cultural de uno de los autores más universales del siglo XX español, pese a la incomprensión de algún gobernante. En la prosa de Valle-Inclán supo ver el engarce perfecto entre el habla del pueblo y la literatura, como ya lo había visto en Camilo José Cela.

El discurso reelaborado, La realidad esperpéntica (Aproximación a luces de Bohemia), fue Premio Nacional de Literatura "Miguel de Unamuno de Ensayo" en 1969. A Valle le dedicó también Valle-Inclán, novelista por entregas y las ediciones críticas de Luces de Bohemia y Tirano Banderas, entre otros trabajos. 

Fue coordinador del Diccionario Manual e Ilustrado de la Real Academia; en su tiempo adelantó soluciones léxicas que, posteriormente, pasaron al general y ha escrito la Historia de la Real Academia Española. La imprenta nos dio un nuevo Lope de Vega, libros, hombres y paisajes... 

Alonso Zamora, pese a su ajetreada vida universitaria científica, ha sacado, sin embargo, tiempo ("yo escribo los domingos") para una de sus actividades más queridas: la creación literaria en prosa, en la que cuenta ya con un buen número de volúmenes publicados (el último, Cuentos con gusano dentro, acaba de salir de la imprenta). En ellos se presenta no sólo como renovador formal del género cuento, sino como uno de los mejores narradores actuales en lengua española. Es uno de los narradores que mas ha influido en la configuración de un nuevo concepto del cuento.  

 


En Salamanca junto a Johannes Hubschmid, Menéndez Pidal y Joseph M. Piel

 

La materia lingüística adquiere en su escritura una nueva dimensión: a partir de los elementos populares de ésta, ha conformado una exigente realidad estética que nos trasciende. 

En toda su obra narrativa se manifiesta la importancia que los elementos cotidianos (una flor, una rama, un banco, el semáforo, un pajarillo, una canción) adquieren en la vida de sus personajes. También hemos de destacar la extraordinaria sensibilidad con que el narrador va moldeando, a base de pequeños fragmentos o de tenues anécdotas, la vida de sus múltiples personajes: ancianos, jóvenes y niños (toda la expresión de vida que cabe en nuestra sociedad). Los personajes se caracterizan, no por el diseño del narrador, sino por las cosas que les pasan; se incorporan a la vida, como en Cervantes, desde las vivencias propias. Por encima de planteamientos estructurales, su forma de hablar, su espontaneidad lingüística.

Las canciones (Amapola, Lili Marlen, Toda una vida, Solamente una vez, Si me quieres escribir), desde los años veinte hasta nuestros días, el tiempo y el espacio (Madrid es la plaza pública desde la que contemplamos el paso del tiempo) el ir y venir de las modas y costumbres, las ilusiones y las formas (la expresión de los españoles a lo largo de tres generaciones), además de las vivencias sociales y culturales de la época, la presencia del cine, la técnica visual de sus descripciones y situaciones, la focalización de acciones, constituyen rasgos estructurales de primer orden en la composición narrativa del autor.

    

   Los temas eternos (convivencia, trabajo, amor, soledad, religión ... ) nos son planteados con intención superadora y enriquecedora. Creemos que su formación institucionista y su proyección cultural (Cervantes al fondo, la aparición cervantina no es meditada sino espontánea) le llevan en la prosa a insinuarse con reticencias, ironías, amplificaciones, hipérboles.... su ininterrumpida preocupación por la sociedad española es lacerante, sentida desde y por el pueblo. Los horrores de la guerra, lo absurdo de una sociedad dividida, la prepotencia de los vencedores, el arrinconamiento de los vencidos, la nostalgia de lo que pudo ser un ilusionante proyecto de vida en común y colectivo están presentes, pero también por sus páginas ha pasado el peso de la posguerra, el acomodo a unos nuevos valores lejos de los soñados, la pérdida de unas señas de identidad cultural y la consecución de otras.

 

En la casa de Victorio Macho en Toledo, 1980

Mención especial merece la presencia solidaria con el autor y con los lectores del poeta César Vallejo. Es el poeta que no canta a un bando concreto de los contendientes en la Guerra Civil, es el poeta que quiere construir un mundo mejor y por eso se dirige al hombre desvalido y acosado. Es el poeta de todos, sólo toma partido por el hombre para demostrar que nació muy pequeñito e indefenso y por eso necesita ayuda (Primeras hojas, Un balcón a la plaza, A traque barraque, Sin levantar cabeza, presentan versos del poeta en forma de lema). 

Punto importante, también, es el humor. En Alonso Zamora Vicente, el humor es un procedimiento que emana de ver en la realidad de nuestro mundo, de nuestras ciudades y pueblos -desde una posición culta-, los hechos que le rodean, las vivencias que tienen su acomodo en este mundo. Y es, precisamente, esta actitud de contemplación todo lo ingenua que se quiera (Primeras hojas, Examen de Ingreso), grotesca como emanada del absurdo (Smith y Ramírez, S.A.) y real como resultado de una visión dramática de la existencia individual y colectiva (desde Un balcón a la plaza, Desorganización, Sin levantar cabeza, El mundo puede ser nuestro, A traque barraque, Estampas de la calle, Voces sin rostro hasta Hablan de la feria, Historias de viva voz pasando por Mesa, sobremesa (Premio Nacional de Literatura 1980) y Vegas bajas, la que nos envuelve en este trance de amargura (benévola, a veces), que desencadena primero el humor y, posteriormente, la ironía en una intensa búsqueda de lo auténtico: 

"Todavía, al despedirnos, decía muy cariñosa: vuelvan mañana... Se conoce que ha leído ese libro recién salido, que ancla ahora por los quioscos, de un tal Larra. ¿Sabe usted quién es ese fulano?". 

Los personajes se nos presentan en posición trágica, pero su catarsis va a tener lugar en la vacuidad, en la superficialidad de la rutina diaria, por eso su escritura está más próxima a la estructura dramática que a la puramente descriptiva y esto, además de constituir una sorprendente novedad estilística, proporciona a la narración una viveza y rapidez extraordinarias:  

Chucho, el joven personaje de Vegas Bajas y trasunto del autor, afirma: 

“En primer lugar (mi libro) no tendrá un personaje concreto. Ya ha pasado eso. Los hombres no estarnos aislados, no obramos con arreglo a una falsilla   interior, sino que somos un conjunto, y de ese conjunto hay que hablar. Me gustaría que mis personajes no tuvieran rostro, que no pudiésemos decir "el rubio alto, la bella fulanita". No, todo ha de desprenderse de la lengua que empleen. Dime cómo hablas y te diré quién eres...".

 

La preocupación por el hombre en plenitud, por el hombre en sociedad, ha estado siempre presente en nuestro autor, y de ahí que su narrativa tienda (y haya tendido) a desvelar sus más profundos secretos con cierta ingenuidad y conmiseración.

El hombre se nos muestra en todas sus caras, facetas y etapas de la vida y siempre en un espacio y tiempo históricos; no desdeña la realidad sino que sale a su encuentro: a sus páginas se asoman el cura, el farmacéutico, el comerciante de barrio, la solterona, la viuda, el mundo de los viejos y asilados; el taxista, el obrero, el artista de circo, el emigrante, el poderoso, el encumbrado en cargos oficiales, los jóvenes desnortados y urbanos del mundo del rock, de la droga, del papá aposentado... Y hasta, inclusive, Alonso Zamora salta al ruedo, convocado por sus propios personajes:   

Doctor Honoris Causa por la Universidad de Santiago, 1995.

"¡Celebro encontrarte, caramba ... !¡Lo estaba deseando! Desde que leo tus cuentecillos en los suplementos de los periódicos, tengo un remusguillo que no sé. ¿Te das cuenta de lo que escribes ... ?".  

Este proceso unamuniano de aparecer el autor dialogando con sus personajes o siendo el receptor de su mensaje, por iniciativa de ellos, se ha ido acentuando en la narrativa de Alonso Zamora Vicente: "Estás aviado -le dice una de sus criaturas de ficción- tus personajes ya no son tuyos, se han liberado de ti a fuerza de hablar, son ellos los que te arrastran, los que juegan contigo".

Asimismo, al ir eliminando el asunto, el tema, la trama, surge una nueva y maravillosa expresividad por medio del lenguaje... porque (como no hemos olvidado) el lenguaje empieza por ser oral antes de llegar a ser instrumento indispensable para la cultura escrita. Y éste es su punto de partida: el lenguaje del pueblo (no lo populachero) que, debidamente tamizado, lo devuelve al pueblo, que lo asume como si fuera creación propia. Tal es la naturalidad y extraordinaria frescura y espontaneidad del habla de los personajes. Por sus páginas discurren las diversas capas sociales y culturales que configuran la realidad lingüística de la España de nuestros días. El habla acompaña al personaje en su lugar y su tiempo. Es un habla total.

 El concepto estilístico de Alonso Zamora Vicente funde espléndidamente la innovación -bien perceptible en la forma y fondo de sus relatos- con la mejor tradición de nuestros clásicos (la picaresca, Lope, Quevedo, Cervantes ... ), síntesis que proyecta en su obra literaria una amplia panorámica de la vida actual de España en la multiplicidad de sus aspectos: el día de hoy y la retrospección histórica, el acaecer cotidiano y el acontecer político, los destinos humanos y el destino del país. 

El amor a su familia, a sus libros y a sus alumnos componía su hacienda.   

(Laudatio a cargo de D. JESÚS SÁNCHEZ LOBATO Titular de Filología Española y ex-Decano de la Facultad de Filología de la UCM. En: Homenaje a Alonso Zamora Vicente : Universidad Antonio de Nebrija, Campus de La Berzosa, 28 de enero de 1999.  Madrid: Universidad de Nebrija, 1999)  
 
---Don Alonso Zamora Vicente, fallece en Madrid, el 14 de marzo de 2006 a los 90 años.  
   

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Fundación Biblioteca Alonso Zamora Vicente